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13 de mayo de 2020 | 15:00

La pandemia se nos presenta como un escenario de dimensiones catastróficas, pero la crisis climática no la percibimos como tal”

Afirmación del Juez en lo Contencioso Administrativo y Tributario, Dr. Marcelo López Alfonsín

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Dr. Marcelo López Alfonsín FOTO: CMCABA

El Consejo de la Magistratura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires -CMCABA- informó que el Juez en lo Contencioso Administrativo y Tributario, Dr. Marcelo López Alfonsín afirmó “la pandemia se nos presenta como un escenario de dimensiones catastróficas, pero la crisis climática no la percibimos como tal” durante su participación en una videoconferencia sobre el COVID 19 y el cambio climático.

Noticiasjudiciales.info reproduce texto difundido por el CMCABA:

“…en el marco de las actividades que organiza la cátedra de Derecho Constitucional, que dirige el magistrado porteño. A continuación, algunos aspectos principales de su exposición:

La pandemia declarada por la Organización Mundial de la Salud con motivo de la expansión del virus COVID-19 presenta al mundo un gran desafío y una nueva oportunidad. Podríamos decir lo mismo respecto a la crisis climática. La gran diferencia entre la atención que se le brinda a una u otra crisis es la inmediatez. La pandemia nos enfrenta con la finitud de la vida humana en este preciso momento, la crisis climática la percibimos como algo que, si sucede, será en el futuro.

¿Por qué el mundo concibe que el virus no sabe de fronteras, pero no lo comprendemos del mismo modo con las emisiones de gases de efecto invernadero? La pandemia se nos presenta como un escenario de dimensiones catastróficas, pero la crisis climática no la percibimos como tal.

El 2020 iba a ser un año clave para dar cumplimiento al Artículo 2 del Acuerdo de París que establece:

    Mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 °C con respecto a los niveles preindustriales y proseguir los esfuerzos para limitar ese aumento de temperatura a 1,5 °C.

    Aumentar la capacidad de adaptación a los efectos adversos del cambio climático.

    Hacer concordar los flujos financieros con una trayectoria que conduzca a un desarrollo bajo en emisiones de gases de efecto invernadero y resiliente al cambio climático.

Los países miembros de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) iban a presentar en la -suspendida– Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 26) de Glasgow, Escocia; planes de reducción de emisiones más ambiciosos que permitan alcanzar los objetivos del Acuerdo de París.

Sin embargo, la crisis sanitaria económica y social que desencadenó el COVID-19 –y la declaración de pandemia por parte de la OMS- dio marcha atrás y hasta puso en jaque las intenciones de los estados miembros de la CMNUCC respecto a la adopción de políticas y medidas necesarias para combatir la crisis climática.

Países de la Unión Europea han instado a suspender o diferir programas de comercio de carbono, y dejar en suspenso el proyecto de ley sobre clima. Estados Unidos anunció que no se sancionará a las empresas que infrinjan las normas de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) o no presenten informes si pueden comprobar que dichas infracciones están vinculadas a la pandemia, Brasil también flexibilizó la fiscalización de las normas ambientales con la grave consecuencia que, entre ellas, se encuentra la de proteger la Amazonia de la deforestación.[1]

¿Es momento de ser flexibles con respecto a las normas de protección ambiental en pos de las empresas y las actividades industriales afectadísimas o por el contrario, se debería aprovechar y ser más exigentes? ¿Implica el detrimento de las políticas de protección ambiental un riesgo para los Derechos Humanos?

Por otro lado, también hemos leído, escuchado y visto noticias, imágenes, documentos e informes que nos presentan un «reverdecimiento» del planeta como consecuencia del aislamiento social y del párate de las actividades industriales. Como consecuencia de esto se han visto disminuidas de forma considerable las emisiones de gases de efecto invernadero, y ha mejorado la calidad del aire en gran parte de los aglomerados urbanos del planeta. Sin embargo, la portavoz de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), Clare Nullis expresó que esto per se no es una noticia alentadora, y anticipó que «tras la reducción de emisiones de GEI que se anticipa en estos meses de masivas cuarentenas, es probable que haya un rápido aumento de las cifras de contaminación, como ya ocurrió en anteriores crisis, el dióxido de carbono ha estado presente en la atmósfera y el océano durante siglos, por lo que el planeta sigue abocado a un cambio climático pese a una caída temporal de las emisiones como a la actual»[2].

Simultáneamente, la Organización para las Naciones Unidas ha señalado que, a medida que invadimos los frágiles ecosistemas del planeta, el riesgo de enfermedades como el COVID-19 estará más latente, porque la sanidad del planeta y todas sus especies juega un papel importante en evitar la propagación de enfermedades zoonóticas. La actividad humana ya ha alterado casi el 75 por ciento de la superficie terrestre, y ha sitiado a la vida silvestre y la naturaleza, lo que implica un mayor vinculado entre los seres humanos y la vida silvestre, además del comercio ilegal de animales silvestres y los mercados de animales vivos. Alrededor del 75 por ciento de las nuevas enfermedades infecciosas son zoonóticas y, de hecho, alrededor de mil millones de contagios y millones de muertes ocurren cada año a causa de este tipo de afecciones[3].

¿Qué acciones son plausibles de realizar pos pandemia para realizar una gestión más inteligente y eficaz de la naturaleza?

La crisis también es económica. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) evalúo que la pandemia impactará en las economías de América Latina y el Caribe a través de factores externos e internos cuyo efecto conjunto conducirá a la peor contracción de la actividad económica que la región haya sufrido desde que se iniciaron los registros, en 1900. Para América del Sur, se prevé una caída del 5,2 por ciento[4].

Hemos sido testigos de la brutal caída del precio del barril de petróleo en el mundo, esto nos plantea también otra reflexión respecto a qué hacer con el uso de combustibles fósiles. El último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) llamó a tomar medidas urgentes para evitar que el aumento de la temperatura media global no supere los 1,5 °C respecto del período preindustrial, y plantea para esto que es necesario reducir en un 50 por ciento el empleo de combustibles fósiles en menos de 15 años, y eliminar su uso casi por completo en 30 años, y aún así no se asegura el éxito de estar por debajo de los 1.5 °C.

¿Será entonces este el momento de buscar una verdadera transición energética? ¿Cómo afecta esta situación a la política de explotación de Vaca Muerta?

La crisis climática va a continuar ahí aún cuando salgamos de esta situación de excepción, la pregunta entonces que debemos hacernos es ¿cómo aprovechamos esta situación y aparente reconfiguración para combatirla?

Propuestas de reconstrucción poscrisis

Desde hace tres meses el mundo ha cambiado, este aislamiento expuso de manera brutal que es posible una discusión que ponga coto al consumo irracional y desmedido que marcó las últimas décadas. Hemos modificado la gran mayoría de nuestros hábitos, tanto individuales como sociales, hablamos ahora de actividades «esenciales», y se evidencia que otro modo de producción y desarrollo económico es posible.

En el Diálogo de Petersberg -un foro anual para discusiones políticas informales de alto nivel, centradas en las negociaciones climáticas internacionales y el avance de la acción climática sobre el terreno- que se realizó esta semana, Patricia Espinosa (secretaria de la Organización de las Naciones Unidas para el Clima), subrayó que «la COVID-19 no ha pospuesto la emergencia climática, pero la recuperación mundial, si la hacemos bien, puede llevarnos a un camino más sostenible e inclusivo, que proteja el medio ambiente, fortalezca la biodiversidad y garantice la salud y la seguridad a largo plazo de la humanidad».

En este orden de ideas y con motivo de la celebración del Día de la Madre Tierra, el pasado 22 de abril el Secretario General de la ONU, António Guterres, en su mensaje al mundo propuso una serie de medidas para tener en consideración una vez pasada la crisis y como reconstruir a partir de ahí. Indicó que:

    Primero: el gasto de ingentes cantidades de dinero en la recuperación tras el coronavirus debe ir acompañado de la creación de nuevos trabajos y empresas mediante una transición limpia y ecológica.

    Segundo: si se utiliza el dinero de los contribuyentes para rescatar empresas, es necesario vincularlo a la consecución de empleos verdes y de un crecimiento sostenible.

    Tercero: la artillería fiscal debe impulsar el paso de la economía gris a la verde, y aumentar la resiliencia de las sociedades y las personas.

    Cuarto: los fondos públicos deben utilizarse para invertir en el futuro, no en el pasado, y fluir hacia sectores y proyectos sostenibles que ayuden al medio ambiente y al clima.

    Quinto: los riesgos y oportunidades climáticos tienen que incorporarse al sistema financiero, así como a todos los aspectos de la formulación de políticas públicas y las infraestructuras.

    Sexto: necesitamos trabajar juntos como una comunidad internacional.

En estas mismas coordenadas, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) sostuvo que «una crisis, especialmente una de esta intensidad, inspira reflexión y evoca preguntas difíciles. Más allá de la tragedia humana, se ha prestado mucha atención a la relación de la humanidad con el mundo natural y al impacto de nuestras actividades. Con una catástrofe económica como resultado de la interrupción repentina y drástica de la actividad, muchos han observado que, más allá de la tragedia humana, nuestra huella en el planeta se ha vuelto temporalmente más ligera. Sin duda, esta es una señal de que somos capaces de hacer las cosas de manera diferente, pero considerar esto como un resultado positivo sería un grave error. El costo ha sido y será enorme en términos de pérdida de empleos, dificultades y sufrimiento. Además, está claro que el brote de COVID-19 también está trayendo nuevas amenazas a los pueblos indígenas y las comunidades rurales, así como una violencia exacerbada, Podemos reconstruir, pero reconstruyamos de manera más inteligente. Como comunidad, hemos estado hablando de la necesidad de un cambio transformador: trabajemos juntos ahora para asegurarnos de seguir un camino sostenible y reflexivo.«[5]

[1] https://www.hrw.org/es/news/2020/04/22/cual-podria-ser-el-impacto-de-la-covid-19-en-la-crisis-climatica

[2] https://www.efe.com/efe/america/sociedad/onu-paron-industrial-por-el-covid-19-no-solucionara-calentamiento-global/20000013-4212714

[3] https://news.un.org/es/story/2020/04/1472482

[4] https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/45445/4/S2000286_es.pdf

[5] http://www.habitatydesarrollo.org.ar/imagenes2020/DeclaracionUICN-Covid.pdf