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25 de agosto de 2014 | 17:00

Denunciamos un negocio montado sobre el vínculo entre padres e hijos

Por Ginger Gentile y Sandra Fernánez Ferreira - Directoras de “Borrando a Papá”, Documental de San Telmo Producciones realizado con apoyo del INCAA -

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 Ginger Gentile y Sandra Fernánez Ferreira

Como mujeres y luchadoras por la igualdad de género, no puede dejar de impactarnos que la respuesta a una propuesta que busca denunciar la discriminación que sufren muchísimos hombres en el sistema de familia y que les termina costando, en muchos casos, años sin poder ver a sus hijos, haya provocado tanto  que sea objeto de un pedido de censura.

Nos cuenta entender que personas que supuestamente defienden a las minorías, pregonan la igualdad de género y los derechos de los niños, propongan la censura como recurso para impedir la discusión de ideas. El mayor disparate es que, quienes piden que el documental sea censurado, no lo han visto aún, simplemente porque todavía no fue estrenado. El contenido que suponen que el documental contiene surge de sus propias conjeturas a partir de la difusión del trailer que posteamos en Youtube para el Día del Padre, en junio. O sea, están pidiendo que se censure un documental que nadie ha visto, simplemente porque sospechan que trata temas de los que prefieren que no se hable. Mientras la petición totalitaria de censura suma unas pocas firmas, estamos esperando fecha de estreno del INCAA, institución que aprobó nuestro guión, nos otorgó financiamiento a través del procedimiento conocido como “Vía Digital”, y la calificación cinematográfica requerida como paso previo al estreno comercial. Esperamos que el INCAA no ceda a las presiones y nos permita estrenar el documental, abrir el debate de ideas que el enfoque propone, dar a conocer los testimonios de los padres obstruidos y de muchas y muchos operadores judiciales que aceptaron hablar y reconocer ante las cámaras sus polémicos puntos de vista.

¿Pero por qué tanto miedo a la discusión? En nuestra experiencia de casi dos años de rodaje descubrimos ciertos denominadores comunes que conectan la problemática de muchos padres alejados de sus hijos con la ideología vigente en el sistema de la Justicia de Familia. El documental saca a luz un problema tabú, oculto en la manipulación de las estadísticas de violencia de género; en la estigmatización del padre varón como “violento” per se; en el funcionamiento prejuicioso de la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte, y en la violación de derechos constitucionales que protegen el vínculo entre padres e hijos, la garantía de defensa en juicio y la presunción de inocencia.

Además, el trabajo pone en evidencia la formación prejuiciosa y maniquea que inspira a muchos de los operadores del sistema de justicia (abogados, funcionarios, profesionales de la salud mental y asistentes sociales), impregnados de la ideología diseminada por Jorge Corsi, el psicólogo condenado por pedofilia que formó durante casi 20 años a varias camadas de supuestos expertos en violencia de género y abuso sexual infantil, en el posgrado de Violencia Familiar que dirigía en la Facultad de Psicología de la UBA, a partir de metodologías sesgadas y científicamente incomprobables. Su influencia ha sido nefasta. Y, si bien se ha discutido mucho sobre el caso Corsi desde el periodismo policial, aún queda latente un debate más profundo sobre sus ideas y, fundamentalmente, sobre las oscuras motivaciones emocionales que llevaron a un pedófilo a desarrollar una teoría supuestamente científica para detectar a presuntos violentos y abusadores. El documental deja al descubierto el pensamiento de este sector - de marcada influencia en la Justicia Civil - que funciona bajo el paradigma de que la familia biológica es una ficción, la figura del padre prescindible y que los varones son, por simple portación de género, violentos y peligrosos para sus propios hijos.

Se trata, en definitiva, de abrir a la opinión pública un debate legítimo, similar al que ha ocurrido en muchos países, que ha permitido revisar los procedimientos judiciales, reducir los niveles de prejuicio y enfocar eficientemente los recursos del sistema en perseguir a los verdaderos violentos y a los verdaderos abusadores y preservar el vínculo entre padres e hijos de muchos padres que han visto su vida transformada, de la noche a la mañana, por absurdas denuncias sin fundamento. En el camino, hay miles de niños que crecen sin contacto con sus padres. Son huérfanos de padres vivos, algo imperdonable para un país pionero en la recuperación de niños apropiados por la Dictadura, en la búsqueda de la verdad y en la consagración del derecho a la identidad como un derecho humano.

Como mujeres y luchadoras por la igualdad de género, no puede dejar de impactarnos que la respuesta a una propuesta que busca denunciar la discriminación que sufren muchísimos hombres en el sistema de familia y que les termina costando, en muchos casos, años sin poder ver a sus hijos, haya provocado tanto sea objeto de un pedido de censura.

Nos cuenta entender que personas que supuestamente defienden a las minorías, pregonan la igualdad de género y los derechos de los niños, propongan la censura como recurso para impedir la discusión de ideas. El mayor disparate es que, quienes piden que el documental sea censurado, no lo han visto aún, simplemente porque todavía no fue estrenado. El contenido que suponen que el documental contiene surge de sus propias conjeturas a partir de la difusión del trailer que posteamos en Youtube para el Día del Padre, en junio. O sea, están pidiendo que se censure un documental que nadie ha visto, simplemente porque sospechan que trata temas de los que prefieren que no se hable. Mientras la petición totalitaria de censura suma unas pocas firmas, estamos esperando fecha de estreno del INCAA, institución que aprobó nuestro guión, nos otorgó financiamiento a través del procedimiento conocido como “Vía Digital”, y la calificación cinematográfica requerida como paso previo al estreno comercial. Esperamos que el INCAA no ceda a las presiones y nos permita estrenar el documental, abrir el debate de ideas que el enfoque propone, dar a conocer los testimonios de los padres obstruidos y de muchas y muchos operadores judiciales que aceptaron hablar y reconocer ante las cámaras sus polémicos puntos de vista.

¿Pero por qué tanto miedo a la discusión? En nuestra experiencia de casi dos años de rodaje descubrimos ciertos denominadores comunes que conectan la problemática de muchos padres alejados de sus hijos con la ideología vigente en el sistema de la Justicia de Familia. El documental saca a luz un problema tabú, oculto en la manipulación de las estadísticas de violencia de género; en la estigmatización del padre varón como “violento” per se; en el funcionamiento prejuicioso de la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte, y en la violación de derechos constitucionales que protegen el vínculo entre padres e hijos, la garantía de defensa en juicio y la presunción de inocencia.

Además, el trabajo pone en evidencia la formación prejuiciosa y maniquea que inspira a muchos de los operadores del sistema de justicia (abogados, funcionarios, profesionales de la salud mental y asistentes sociales), impregnados de la ideología diseminada por Jorge Corsi, el psicólogo condenado por pedofilia que formó durante casi 20 años a varias camadas de supuestos expertos en violencia de género y abuso sexual infantil, en el posgrado de Violencia Familiar que dirigía en la Facultad de Psicología de la UBA, a partir de metodologías sesgadas y científicamente incomprobables. Su influencia ha sido nefasta. Y, si bien se ha discutido mucho sobre el caso Corsi desde el periodismo policial, aún queda latente un debate más profundo sobre sus ideas y, fundamentalmente, sobre las oscuras motivaciones emocionales que llevaron a un pedófilo a desarrollar una teoría supuestamente científica para detectar a presuntos violentos y abusadores. El documental deja al descubierto el pensamiento de este sector -de marcada influencia en la Justicia Civil- que funciona bajo el paradigma de que la familia biológica es una ficción,la figura del padre prescindible y que los varones son, por simple portación de género, violentos y peligrosos para sus propios hijos.

Se trata, en definitiva, de abrir a la opinión pública un debate legítimo, similar al que viene ocurriendo en muchos países, que ha permitido revisar los procedimientos judiciales, reducir los niveles de prejuicio y enfocar eficientemente los recursos del sistema en perseguir a los verdaderos violentos y a los verdaderos abusadores y preservar el vínculo entre miles de padres e hijos que han visto su vida transformada, de la noche a la mañana, por absurdas denuncias sin fundamento. En el camino, hay miles de niños que crecen sin contacto con sus padres. Son huérfanos de padres vivos, algo imperdonable para un país pionero en la recuperación de niños apropiados por la Dictadura, en la búsqueda de la verdad y en la consagración del derecho a la identidad como un derecho humano.

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