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23 de agosto de 2012 | 15:00

El proyecto de Código Civil y Comercial y el modelo de familia

Por Carlos A Ghersi (*) 

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Dr. Carlos Ghersi

El motivo de esta nota es mostrar nuestra preocupación por el nuevo modelo de familia introducido en el Proyecto de Código Civil y Comercial.

Nos parece necesario para fundar nuestra posición desarrollar elementos que constituyen la  función de la familia como sistema social.

La familia es el núcleo sustancial  del sistema sociedad (lo social) del que recibe y remite “proposiciones”, a partir de las cuales se producen en forma  constante, pero lentamente, mutaciones.

Los individuos construyen interacciones con la naturaleza (como lugar del hábitat  y extracción de alimentos, calefacción, etc.) y con sus iguales, en cuanto al género próximo (animales; humanos), por la necesidad de convivir y organizarse. Estas acciones reciprocas que conforman  el intercambio  o interacciones, tienen un lugar o escenario o contexto en que se sitúan y desarrollan y  están simultáneamente, condicionadas por factores endógenos (genéticos) y exógenos (proceso de culturización, etc.). Estos tres elementos (acciones- interacciones; contexto y condicionamientos)  hacen que podamos simultáneamente establecer  estándares de interacción y categorización de grupos de familias, así como  también  producir individuaciones, conforme a ciertas características particulares y específicas que hacen de cada persona un ser único e irrepetible , al igual que podemos aseverar que también existe una familia única e irrepetible como pertenencia.

La familia en nuestro criterio, es un sistema, donde se verifican  las interacciones de  sus miembros entre sí (relaciones maternas, de esposos, de pareja)  y con una lógica de reproducción; que posee un marco de referencia de valores; con estímulos o interés social, específico y personal; que trata de obtener el máximo de satisfacción o gratificación familiar y personal, para todo lo cual es imprescindible un lenguaje con significados y símbolos culturalmente adquiridos y desarrollados compartidos algunos de ellos con el resto de la sociedad (universales)  y otros  con determinados grupos (colectividades).

La integración de los seres humanos tienen diversas etiologías (política, económica, etc.), pero una construcción común: la familia como fundamento de la sociedad, como centro de organización.

La familia, como sistema, es integrador y compatible en relación a sus miembros y  con otros subsistemas (escolar; económico). Es integrador a partir que reúne un conjunto de personas, que le construye una impronta común y de pertenencia. Es compatible, a partir que puede interrelacionarse con otros subsiste mas, así la familia con el subsistema escolar;  político; cultural.

La familia como sistema posee, como señalamos, interrelaciones hacia el interior, que  presentan complejidad y de las cuales pueden resultar supuestos de daños, tales como las injurias entre esposos, incumplimiento de la cuota alimentaria, y en lo atinente a las interrelaciones externas, por ejemplo daños causados al honor de la familia o la imagen personal de alguno de sus miembros, etc.

Por otra parte, cumplen con el segundo de los requisitos  del sistema que es: la lógica propia de su reproducción: biológica; cultura; ideológica, etc.

La familia en estos términos es un marco de referencia, para cada uno de los individuos que la componen y actúa también en ese sentido, en relación a otras familias y a otros individuos no pertenecientes a aquella.

Como hemos señalado precedentemente se reproducen biológicamente como individuos y como especie, lo que implica no solo un periodo de embarazo, sino cuidados sanitarios, controles de salud, alimentación adecuada, protección del concebido y especialmente derechos frente a terceros y el Estado.

Por ello toda persona individual a partir de la concepción es un organismo biológico, que tanto su constitución genética, como el medio socio-cultural en que se desarrolla le colocan en “ser, existencia y permanencia  familiar”.

El logro de satisfacciones presenta  herramientas culturales simbólicas  (signos; significados) como medios de comunicación representativas en la memoria de acciones pasadas (históricas; familiares y personales).

La simbolización del beneficio –satisfacción o de la pérdida– dolor, es derivada de la evaluación de alternativas, que se presenta como una orientación de valor y proporciona un criterio de selección, que es transmitida y aprendida en el seño de la familia, como herencia genética y tradición social.

Esa reproducción  como simbolización de valores, determina como criterio la pertenencia a una familia (la identificación con el apellido)  a un lugar (pueblo ciudad;  rural-urbana)  a una sociedad (argentina; uruguaya) y son percibidas y valoradas por los otros, que pueden proyectar un beneplácito o una disconformidad.

Cada persona individualmente y la familia como grupo, intentará a partir de los distintos roles y funciones que realicen hacia el interior y exterior, obtener el máximo de satisfacción y generar afectos.

Esa motivación es la que determina el equilibrio y toma de decisiones entre la relación gratificación y costo del displacer, es lo que se denomina la orientación como instrumento lógico para formular nuestro sistema de acciones e interacciones y que se consolida en la familia como centro de pertenencia y convivencia.

Los procesos de mutación, son  una herramienta de transformación de un estado (sujeto)  en otro, es decir, se trata de un resultado diferente al existente, así en la familia los nuevos miembros, intentan consolidar la estructura básica de la personalidad conforme a los valores compartidos por la pertenencia y que constituyen el primer mecanismo de control social.

El proceso es duradero en el tiempo e implica la aprensión de distintos roles (trabajador; consumidor; padre) y realizar funciones acordes con aquellos y de no producirse esa continuidad peligra la familia como institución y la sociedad como organización.

El inicio de proceso de personalidad y socialización intenta generar un resultado determinado para los fines de la  “sociedad” como tal y “para determinada sociedad” y no otra, por la elección de determinados valores.

En este aprendizaje, los contenidos de los mecanismos son universales (el rol de hijo, de padre, etc.) y particulares de cada sociedad (idioma, costumbres) y están destinados a que la inclusión social (por pertenencia) determine en el individuo la adecuación de su conducta a  pautas determinadas evitando la desviación. (Se generan conductas inhibitorias, para evitar el castigo, el desprecio social, etc.)

En este sentido históricamente el matrimonio religioso constituyó un pauta de socialización, luego sustituido por el matrimonio civil, hoy son las uniones convivenciales pero siempre como centro “la familia”.

La evolución hace que exista una tendencia a la “familia sociológica” y se les acuerden derechos (aún restringidos) a sus integrantes como personas y en función de afectos (daño moral a la conviviente  por la muerte del conviviente).

La “pertenencia a la familia” requiere cuatro requisitos básicos: seguridad (es un derivación de la existencia en el seño materno que muta hacia el seno de la familia como lugar de pertenencia); la disciplina (el poder de educación de los hijos exige pautas de disciplinamiento): tolerancia, intra-seno de la familia (para que se genere un clima de cordialidad y afectos); recompensas reciprocas (afectivas; descanso; cariño hacia el otro). 

Como síntesis podemos señalar que la historia de la familia en la Argentina desde lo social y jurídico ha mutado como proceso, pero hay algo que permanece inalterable como sistema sustancial es “pertenencia social a la familia”.

El proyecto del Código Civil y Comercial desde diversos aspectos: aptitudes en el derecho medico a los 13 y 16 años; divorcio unipersonal; autonomía de los individuos; falta de solidaridad, etc. representa “un modelo de familia de individuos autonómicos” (típicamente el modelo norteamericano, que es en lo que ha fracasado ese país) lo que consideramos disvalioso para nuestra  sociedad, que incluso tiende a la desintegración, por lo que consideramos valioso mantener el  un modelo de pertenencia (con las mutaciones que sean necesarias pero propias de ese sistema).

( * ) Doctor en Jurisprudencia; Especialista en Historia de la Economía y Políticas Económicas y Profesor Titular UCES, UBA, UNLZ,  UB y USAL