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28 de diciembre de 2010 | 17:00

"La AGCBA y el Bicentenario”

Por la Dra. Sandra Bergenfeld

Presidenta de la Auditoría General de la Ciudad de Buenos Aires

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Dra. Sandra Bergenfeld

La historia nuevamente nos reclama mirar hacia atrás para entender el presente

y edificar el futuro. Todavía resuenan hasta nuestros días los ecos de la gesta de

Mayo de 1810 y cala hondo en nuestra memoria colectiva los festejos por el

centenario, donde se mostraba la Argentina al mundo con una fiesta inigualable.

La Ciudad de Buenos Aires se erige entonces como la estrella de los festejos de

una nación federal que quiere despegar y consolidar el crecimiento conseguido

en los últimos años en este nuevo centenario.

Imposible no fijar la atención en el lugar donde se desarrollaron los hechos de la

semana de Mayo. Donde el asiento de los Virreyes y sus negocios estaban a

orden del día y ala orden de una corona que de tantos problemas en su tierra, le

daba la espalda a América.

Esta Ciudad albergó el espíritu de Morenos, Castelli, Belgrano, Paso, Berutti y

French, entre otros, que imaginaron un país grande con los dogmas de las

libertades individuales como postulado mayor.

Es una buena oportunidad para reflexionar sobre los errores del pasado y no

repetirlos en el futuro para saber adonde vamos como país. Los argentinos

tendremos la dicha de vivir el Bicentenario en Democracia. Esta Democracia

que supimos conseguir con mucho esfuerzo y que nos reconforta y sostenemos

desde los últimos 26 años de manera ininterrumpida.

Desde aquel Mayo de 1810, tuvieron que pasar seis años para la Independencia,

como si se pidiera permiso a la Historia para creer en nosotros mismos. Las

guerras y rebeliones internas nos privaron de tener nuestra Constitución hasta

1853 y recién en 1860 a la Ciudad de Buenos Aires dentro del proyecto federal.

Tardamos 106 años para elegir un presidente en comicios libres por obra de la

Ley Sáenz Peña. Sin fraude mediante, el primer traspaso presidencial tuvo lugar

en 1928, Alvear- Yrigoyen, quien no podrá concluir su mandato por abrirse un

período cíclico de golpes militares que culminaron en la nefasta última

dictadura en 1976. Recién el 1989 un presidente elegido por el pueblo, Raúl

Alfonsín le traspasa la cinta presidencial a otro presidente democrático, Carlos

Menem. Para lograr esto los argentinos esperamos 61 años.

Tuvimos cosas buenas y cosas malas. Tuvimos seis dictaduras que cobraron

miles de víctimas, guerras innecesarias y persecuciones. Pero también tuvimos

un San Martín liberando países hermanos, un noble Manuel Belgrano y un

Sarmiento, que pensaron un país con errores y aciertos, pero a quienes les

debemos las bases de lo que hoy es nuestra forma de vida.

Estará también en el haber la obra del Gral. Juan Domingo Perón, que hoy

perdura y continúa siendo el cimiento para muchos compatriotas. Estará Evita

dignificando y otorgando un nuevo papel en la nación a sus descamisados.

Estarán los Alem, los Yrigoyen, los Balbín, inspiradores de un partido

centenario y muchas veces conductor de los destinos del país. Estarán los

hombres que componen otros partidos, quienes día a día a través de su labor

social y partidaria generan nuevas expectativas a los sueños de Nación Grande.

Pero la patria grande, empieza en la patria chica. Hoy ocupo con orgullo el rol

de la Presidenta de la Auditoría General de la Ciudad donde nuestra misión es el

control de los actos de gobierno, producto de la joven constitución porteña.

Cumpliendo esta tarea es que sostenemos desde donde nos toca los valores

democráticos que aquellos hombres que hicieron nuestra historia soñaron. Es

respetar lo más sagrado que tiene una Nación que es su pueblo, a través de un

control de los actos de quienes gobiernan. Es controlar las políticas de

fortalecimiento institucional. Es controlar para mejorar nuestro sistema

electoral y de partidos y así controlar la forma republicana de gobierno.

En la AGCBA celebramos el Bicentenario pensando en el futuro y la mejor forma

de celebrar es trabajando para la grandeza de nuestra patria chica, que es la

grandeza de nuestra Patria Grande.